El mundo es bosque

A menudo el bosque nos parece alejado de la ciudad. En el ideario colectivo, bosque y ciudad se perciben casi como conceptos antagónicos, y sin embargo conviven en un mismo ecosistema. Así, bosques urbanos y de ribera, sotos y galachos rodean Zaragoza y son en parte el origen de esta exposición. Enrique Radigales, Julie Semoroz, Angles Angulo & Román Torres (AKA Rotor studio) despliegan su trabajo por todo el edifico invitándote a recorrer Etopia desde la intuición para llegar al intelecto.

Te proponemos un recorrido para experimentar el bosque como ecosistema y descubrir las relaciones simbióticas interespecies. Las obras desbordan la visión antropocéntrica del mundo para dibujar interconexiones entre todo tipo de seres. El Mundo es bosque se despliega por Etopia, tomando el nombre de la instalación original de Rotor studio, que se puede visitar en la segunda planta. SensoWifi de Enrique Radigales te invita ya en el hall, a parar, sentir y escuchar. En la tercera planta puedes tocar tu respiración, deteniéndote en la propuesta de Julie Semoroz para intentar percibir, a través de la madera, tu pulso.

Troncos, tierra, rocas, agua, luz, cables y sensores forman parte de esta recreación, que apuntala la coexistencia del mundo silvestre y el artificial, sublimando la ecología forestal que rige el ritmo de sus habitantes. Las tres instalaciones se relacionan armónicamente desde la individualidad para dibujar correspondencias vitales con el bosque como metáfora y como sujeto. La tecnología está presente pero de manera subyacente y articula las obras dejando todo el protagonismo a la naturaleza. La experiencia es organicista, íntima pero colectiva y oscila entre la especulación sobre el mundo que es y que no conocemos y el que está por venir, quizás ya sin nosotros.

Inicio / Fin

Del 28 de septiembre de 2023
al 31 de enero de 2024

Horario

Lunes a viernes
10:00–21:00

Sábados
10:00–14:00

Domingo: cerrado

Ubicación

Visitas

Entrada libre.

Visitas escolares

Visitas guiadas: 2€.

MOLINI es la primera instalación sonora de la serie contraespacios iniciada por la artista Nieves Arilla en el año 2019.

Contraespacios toma su nombre de la conferencia dada por Michel Foucault el 14 de marzo de 1967 en una de las sesiones del Cercle d’etudes architecturales: “Des espaces autres”. En esta conferencia Foucault habla de las heterotopías, esos otros espacios que habitan en nuestras ciudades: “vivimos, morimos, amamos en un espacio cuadriculado, recortado, abigarrado, con zonas claras y zonas de sombra, diferencias de nivel, escalones, huecos, relieves, regiones duras y otras desmenuzables, penetrables, porosas; están las regiones de paso: las calles, los trenes, el metro; están las regiones abiertas de la parada provisoria: los cafés, los cines, las playas, los hoteles; y además están las regiones cerradas del reposo y el recogimiento. Ahora bien, entre todos esos lugares que se distinguen los unos de los otros, los hay que son absolutamente diferentes; lugares que se oponen a todos los demás y que de alguna manera están destinados a borrarlos, compensarlos, neutralizarlos o purificarlos. Son en cierto modo, contraespacios”.

Tomando como referencia las heterotopías de Foucault, Nieves Arilla experimenta con la idea de generar otro tipo de espacios posibles utilizando el sonido como elemento constructor.

Contraespacios es una serie de arquitecturas sonoras creadas con la intención de facilitar la escucha de aquello que ya no nos es dado a escuchar, a observar, a vivir.

MOLINI inicia este trabajo de investigación artística de ecología sonora con una propuesta desarrollada específicamente para Etopia Centro de Arte y Tecnología.

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Galería de fotografías

Obras

SensoWifi

Esta instalación parece un banco para descansar, pero en realidad es un instrumento musical. Cuando te sientes en él, unos micrófonos de contacto enviarán tu presencia y tus movimientos corporales a un sistema reactivo que los procesará e interpretará.

Podrás escuchar leves sonidos de madera al romperse, semejantes al clicking, ese ultrasonido que emiten las raíces de las plantas al crecer y que les sirve para comunicarse.

Sensowifi es además un instrumento para la revolución en varios sentidos: para empezar, es un espacio de excepcionalidad, te pide algo tan revolucionario como sentarte en él y no hacer nada más, excepto dirigirle toda tu atención. Además, te obliga a interactuar con él a través del cuerpo y el oído, y no a través de lo visual, desdeñando así la visión como sentido dominante en el arte, pero también en la Modernidad tardía y el capitalismo neoliberal. Y, si tal como apunta Franco Berardi Bifo, la razón está identificada con el algoritmo financiero, y éste ha dominado y humillado a la clase trabajadora y a la sociedad, podemos rebelarnos contra la razón: o bien siendo irracionales, o bien volviendo a lo sensible, a ser capaces de entender lo que no se ve ni se dice con palabras, rescatando la atención de esos lugares hacia donde el algoritmo la ha dirigido.

Sensowifi, al igual que un bosque, es un organismored con una mente colmena y colaborativa, como una internet sin máquinas. Recrea una forma de comunicación interespecie intuitiva y no verbal, casi telepática, – en el sentido de que no sabemos bien cómo funciona, pero funciona a la perfección-, de la que nos hemos progresivamente alejado debido a que tenemos nuestros sentidos y toda nuestra atención secuestrados por las fuerzas de grandes corporaciones tecnológicas que nos atrapan con sus shitstorms. En suma, Sensowifi propone un ejercicio de distracción: es decir, que dejes de prestarle (o más bien regalarle) tu valiosa atención a esas fuerzas neofeudalistas, y se la devuelvas al lugar que verdaderamente importa, a tu propia red-bosque, a aquello que sucede entre el mundo y tú.

Enrique Radigales. Sensowifi, 2023

Sistema reactivo y programación Pure Data: Arturo Moya

Textos y comisariado de Sensowifi: Pilar Cruz

Agradecimiento a Parques y Jardines del Ayuntamiento de Zaragoza.

El Mundo es Bosque

Esta instalación monumental te invita a convertirte en explorador/a de un bioma desconocido en un mundo fantástico. Una civilización extraplanetaria, inspirada por los bosques asturianos, intenta recrearlos desde la distancia a través de los datos de los que dispone.

La falta de condiciones ambientales y biológicas que hacen de la Tierra, y en especial de sus bosques, ecosistemas únicos difíciles de imitar, les enfrenta a un extraordinario desafío.

El título de la obra y por ende de la exposición está inspirado por el libro “El nombre del mundo es bosque” de Ursula K. Le Guin, una escritora que revolucionó la ciencia ficción por medio de una hibridación literaria con otros campos del conocimiento como la antropología o la ecología. La autora utiliza sus novelas para abordar temáticas como el feminismo, la otredad, el colonialismo y las utopías ambiguas sobre otras posibles formas de organización y de relación con la naturaleza.

Como en los libros de Le Guin, El mundo es bosque te invita al extrañamiento, la exploración y la curiosidad; a la imaginación y la fantasía como vías para vislumbrar realidades mejores desde mundos ficticios. En el deambular como visitante tienes un papel activo, especulativo para abrir imaginarios a otros futuros posibles cuestionando nuestro actual modo relación con la naturaleza.

Ángeles Angulo y Román Torres (Rotor Studio).  El Mundo es bosque, 2022.

Textos y comisariado: Pablo de Soto.

Una producción de LABoral Centro de Arte y Creación industrial Gijón.

Doce Mil Veinte

¿Y si la humanidad se convirtiera en un solo cuerpo fundido con su entorno?

Al conceptualizar un espacio sonoro utópico, Julie Semoroz, artista y performer Suiza explora la idea de una adaptación armoniosa del ser humano a la naturaleza. La artista pone en escena un dispositivo de escucha de “conciencia plena”, que difunde el sonido a través del cuerpo y permite sentir físicamente sus propiedades.

El proyecto hace referencia a la percepción interna del sonido para actuar sobre la capacidad de sentir la actividad fisiológica interna, de percibir el latido de la sangre en nuestras venas, el aire aspirado y utilizarlos como indicadores de emociones y de nuestro estado corporal. A partir de grabaciones de campo, voces humanas, vocalizaciones y sonidos producidos por animales-, reelaborados y manipulados con soft/hardware, Julie Semoroz esculpe una textura sonora fértil y orgánica, un caldo de cultivo ruidoso rebosante de vida.

Del bosque de tablones colocados en el centro de la sala emana un ligero barullo -chasquidos y zumbidos difusos- y un olor a madera. Xyloscille (del griego xylo-, madera oscilante) es una imponente instalación sonora que involucra a todo el cuerpo.

Las vibraciones producidas por las ondas sonoras se transmiten por contacto, la suavidad anima a acariciar la madera. El pino de Arola tiene un olor con propiedades hipotensoras, que calman el ritmo cardíaco durante el sueño. Especie de cuna sonora vertical, cada tabla, singular tanto en su esencia como en el gesto que le dio forma, conduce el sonido de manera diferente. El cuerpo vibra en concierto con la madera en una nueva simbiosis. En esta comunicación interespecies el sujeto y el objeto, lo humano y lo vegetal, se vinculan mediante la onda sonora que los atraviesa.

Julie Semoroz. Douze mille vingt, 2022.

Con la colaboración de: The Swiss National Science Foundation (SNSF para el proyecto Agora), Ville de Genève, Pro Helvetia, Université de Genève – CISA, Flux Laboratory, Ensemble Contrechamps, La Comédie de Genève, FEEIG y NCCR Evolving Language.

Co-financia: State of Geneva, NCCR Evolving Language y Fondation SIS.

Créditos

Comisariado y coordinación

Blanca Pérez Ferrer (FZC)

Producción ejecutiva y montaje

Trazacultura S.L.

Montaje

Brigadas Municipales y Oficiales de mantenimiento de Etopia

Diseño

Vamos Estudio

Coordinación técnica

Guillermo Malón y Néstor Lizalde (FZC)

Comunicación

Laura Montañés (FZC)

Educación

Pilar Martín (FZC)

Responsable de contenidos

Elena Giner (Servicio de Ciudad Inteligente)

Mediación

Colectivo Noray

FZC Fundación Zaragoza Ciudad Conocimiento y Ayuntamiento de Zaragoza

para Etopia Centro de Arte y Tecnología.

Con la colaboración de los laboratorios de Innovación Abierta CESAR-Universidad de Zaragoza

y del servicio de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Zaragoza.

Co-financia

El Instituto Francés de Zaragoza y la Unión Europea.

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